junio 21, 2021 10:45 PM

Confesiones de inconformidad

berrinche
“Incluso los niños mejor educados pueden ser difíciles y rebeldes a veces. Pero si su niño o adolescente tiene un patrón persistente de rabietas, discute y manifiesta comportamiento agresivo o perturbador hacia usted u otras figuras de autoridad, él o ella pueden tener un trastorno de oposición desafiante (TOD).” Así lo define la Clínica Mayo en su página de internet.
Parece anuncio de televisión ¿verdad paisano? ¡Si tu plebe es rebelde puede ser que tenga TOD! Preguntémosle a los especialistas en locos, el doctor Tarr y el profesor Fether, señores ¿cuáles son los síntomas del TOD?
El morro puede tener trastorno de oposición desafiante si ha desarrollado, por lo general antes de los ocho años, alguna de estas características: persistencia prolongada por al menos seis meses que rompe la armonía familiar o escolar. También puede desarrollar esta condición hasta antes de la adolescencia.
Otras conductas asociadas son la negatividad, actitudes desafiantes, desobediencia y hostilidad dirigida hacia figuras de autoridad. Lo anterior puede ocasionar que tu plebe discuta con los adultos, se rehúse a acatar las reglas, moleste a otras personas deliberadamente, tenga problemas de auto-estima, sea hiper—sensible o se comporte agresivamente con sus compañeritos.
Para completar el cuadro, el doctor Tarr y el profesor Fether afirman que los morros ni siquiera se dan cuenta de su trastorno, pues para ellos es una respuesta natural frente a las irracionales demandas que se les exigen. Además sostienen que la condición puede estar relacionada con la ansiedad, la depresión y el desorden de déficit de atención e hiperactividad.
¡No se angustie damita! ¡No se preocupe señora! ¡Serenas morenas! Si usted ya quiere salir corriendo con el psiquiatra para llevar al morrito a recibir una sesión de frenología, electroshocks o sustancias experimentales, la Clínica Mayo recomienda que primero pase usted con su pediatra o su psicólogo.
Aunque nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que causa el TOD, entre las circunstancias de riesgo se encuentran la pobre presencia de los padres, los problemas económicos en la familia, inestabilidad derivada de divorcios, mudanzas repentinas, cambio de escuelas o la falta de supervisión.
El tratamiento recomendado para el TOD no incluye “medicinas” sino terapia. Terapia individual y familiar, terapia de interacción padres—hijo, entrenamiento para la solución de problemas cognitivos, desarrollo de habilidades sociales y educación para los padres.
El trastorno de oposición desafiante está incluido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5, por sus siglas en inglés y versión), el cual lo considera como uno de los desórdenes de conducta disruptiva. El manual lo define como un patrón frecuente y persistente de mal humor, irritabilidad, comportamiento desafiante, de discusión o venganza exhibido a lo largo de por lo menos seis meses, que debe ser superior a un comportamiento normal para la edad del individuo, el género y la cultura.
Bajo estos criterios, todos quienes persistentemente se oponen desafiantes a la autoridad pueden sufrir TOD. Bojórquez, Ríos Rojo, el Malayerba, el Avecé, Ceceña, Bobadilla, Andrés Manuel, Aristegui, el profe Loza, todos podrían terminar en el psiquiátrico.
No sería la primera ocasión que la psiquiatría se emplee con fines de control social. Pregúntele a Michel Foucault. La reclusión en hospitales psiquiátricos de personas mentalmente sanas es una forma perniciosa de represión, pues utiliza a la medicina como instrumento de castigo.
El doctor Richard J. Bonnie, en su estudio de 2002 sobre el abuso político de la psiquiatría publicado en la Revista de la Academia Americana de Psiquiatría y Derecho, sostiene que los psiquiatras en las culturas autoritarias tienen más probabilidades de ver a la gente como “diagnósticos” y no como individuos, lo que lleva a una menor flexibilidad en la toma de decisiones clínicas.
En otras palabras, un gobierno autoritario tiene a su disposición las herramientas psiquiátricas y legales que le permitirían deshacerse de sus persistentes opositores desafiantes. ¡Chingóse la Francia! ¡Bienaventurados los mansos, únicos ciudadanos aceptables en la sociedad acrítica!
Yo por mi parte quiero confesar que siempre he sentido una particular inconformidad frente a las actitudes abusivas. No soporto a los bullies (buleadores les dice ahora la raza a lo que en mi tiempo eran los abusones) y nunca me han convencido los argumentos que se basan en la supuesta “autoridad” de quien los emite. Si detrás de las afirmaciones de Dios, el Papa, el presidente o el gobernador no existe la razón, no me siento obligado a suscribirlas.
Es decir, yo también soy un persistente opositor desafiante. Vengan por mí doctor Tarr y profesor Fether. Estoy listo míster Poe.

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