Los muñecos desdeñados

 

Los Morrines: abandonados, escondidos, desechados, inútiles…

Bajo la sombra de un par de árboles, sentado en su banca, el Morrín mira hacia el norte. Producto de un programa de promoción de valores, el muñeco ha tenido mejor suerte que el resto de sus hermanos, removidos del puesto que alguna vez les asignara su creador, Sergio Torres Félix.

Ya no hay selfies ni flashes de celular. Como escondido, mira los días pasarse de largo, como  queriendo pasar desapercibido al interior de la plazuela del parque la Lomita, casi al pie de las escalinatas de la iglesia.

El dedo pulgar de su mano derecha está levantado hacia arriba, como haciendo una señal de “oquei”, de aprobado, o de aceptación. Su color blanco está intacto. No así sus demás hermanos, desaparecidos, algunos incluso desde hace meses.

Los otros que quedan están en el estadio Carlos González y González y en la Plazuela Rosales. Ellos son los únicos monigotes “de pie”. Así lo explicó el Secretario General del Ayuntamiento, Paulino Rojo.

“Es que el programa de los Morrines no quedó documentado, si hubiera quedado documentado en una política pública o en una agenda, nosotros lo retomáramos pero no quedó documentado, entonces no conocemos la filosofía del muñeco, vaya, no quedó guardado cuál es la intención del Morrín”.

Paulino Rojo aclara que no es una cacería de brujas. Dice que los Morrines “eliminados” han sido removidos y guardados en bodegas del municipio, debido a que han sido vandalizados o dañados.

En total se erogaron por la administración 2014-2016, del exalcalde Sergio Torres, un total de 169 mil pesos para la fabricación de dichos muñecos.

Tras los pasos del Morrín

El Secretario del Ayuntamiento toma el teléfono. Da una orden a su interlocutor y se pone de acuerdo. “Es para el periódico Ríodoce, una foto. Aquí te voy a esperar”. Cuelga. Minutos después aparece un trabajador adscrito a su departamento.

“¿Estás buscando al Morrín?”, pregunta el trabajador, quien con 25 años sindicalizado, da la ubicación del monigote. “Bueno, pues el Morrín ahora es el Memín”, advierte.

En la bodega, ubicada al norte de la ciudad, dos Morrines están “guardados”. Acomodados uno frente al otro, parecen mirarse pero sin hablar. Sólo se sonríen uno al otro.

Uno está pintado todo de color negro, y luego, la reiteración del trabajador del Ayuntamiento. “¿Ves cómo quedó? Quedó como el Memín pinguín, todo negro”.

El otro está rayado, vandalizado, dirían algunos funcionarios. Ambos muñecos son los que estuvieron ubicados en el Ayuntamiento y la plazuela Obregón, respectivamente.

El 22 de junio de 2015, en el apogeo de una campaña iniciada casi en plena contienda electoral y con el eslogan “al 100 por Culiacán”, los Morrines fueron ubicados en nueve puntos estratégicos de la ciudad: la Plazuela Obregón, el Parque Revolución, el Parque las Riberas, la Isla de Orabá, el Parque EME y en las afueras del Ayuntamiento de Culiacán, el cual además de ser el primero en instalarse, fue también el primero en ser removido. El resto aún sigue “con vida”.

Sin acta de nacimiento ni fe de bautismo, el Morrín ahora es un huérfano y nadie quiere adoptarlo.

Su ciclo de promoción de valores parece extinguirse. Su vida “útil” terminó, aunque en redes sociales presumen en páginas de mofas que se lanzará como candidato independiente.

El funcionario municipal Paulino Rojo dice querer pero no poder, y lo desahucia: “Ya no los podemos reutilizar nosotros porque no conocemos la filosofía, no está documentado como para una política pública. Te digo, no lo podemos continuar porque no es un programa institucional”.

 

Ha quedado en el olvido

Al término de su gestión al frente del Ayuntamiento de Culiacán, el creador del Morrín, Sergio Torres Félix, continuó su actividad en redes sociales. Su eslogan es ahora “al 100 por Sinaloa”, y en cada una de sus publicaciones, su hijo ya no aparece.

La actividad en redes la descontinuó el 30 de enero de este año para retomarla el 6 de junio en Twitter, mientras que en Facebook la reanuda hasta el 23 de agosto.

Un concurso de fotografía, un par de imágenes de obras de su administración (el par vial, el paso a desnivel del bulevar Pedro Infante y el nuevo estadio de Tomateros), son las cosas que resalta. No así la supuesta imagen institucional del Morrín.

El domingo 5 de noviembre, Torres Félix retomó su vida “institucional”, repartiendo despensas en Los Vasitos, sindicatura de las Tapias, de donde es originario. Posteriormente, el martes 7 de noviembre realizó la misma actividad en la comunidad de las Tres Gotas, de la sindicatura de Eldorado con la etiqueta “#Al100ConLasFamilias #Al100xSinaloa”.

Pero el Morrín pasó de la fama al olvido. Atrás los días de fotos y tendencia en redes. Ahora, sentado en una banca color verde, mira los días pasar. Está a un lado de uno de los 60 árboles led instalados en la ciudad, salidos también de la misma administración que él. Día y noche mira al norte, al par vial, quien goza de mayor fama que él, y a pesar de ello sonríe, su pulgar sigue hacia arriba, todo “oquei”.

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