Fernando del Paso, escritor de lo asombroso

 

 

Don Fernando del Paso es de los pocos escritores que logran cruzar la raya de lo asombroso. De sus obras solo he leído José Trigo, Palinuro de México, Las noticias del imperio y Linda 67. Me es suficiente para comprobar que su quehacer literario es de los dotados con gran ingenio, y que se ha entregado a las letras con pasión, fórmula que le ha permitido ser galardonado con reconocimientos como el Xavier Villaurrutia (1966), Rómulo Gallegos (1982), el Nacional de Ciencias y Artes (1991) y el Miguel de Cervantes (2015). Esto lo ubica como uno de los creadores más importantes de la literatura actual.

Acabo de terminar de leer Linda 67 —historia de un crimen—; es su ópera prima del género policiaco, y de ahí surge el asombro; el móvil es el asesinato de una mujer, esposa de un tipo con tintes de crápula, sin embargo, tanto ella como él tienen características que los unen, pero que a la vez los convierte en enemigos. Algo que me atrapó desde el inicio fue la forma de cómo don Fernando aborda el tema, siembra desde la primera página ese aguijón que no deja que el lector se escape, al contrario lo involucra, lo sumerge en su arena movediza y lo convierte en cómplice.

La historia se desarrolla en una de las ciudades más fascinantes: San Francisco California. En el desarrollo de la novela, hace un recorrido por cada espacio logrando una descripción que te hace poner los pies en cada lugar, y mirar con asombro los paisajes de cada barrio, aspirar los olores y probar los sabores de algo trivial como una nieve, un café, o algo sofisticado del menú de los mejores restaurantes y hostales, de un mundo de glamur en el que se desenvuelven los protagonistas.

Todos los personajes, con el armado del autor, van desenrollándose y se definen; el lector avanza creyendo que ha dado, no con el asesino, porque este es expuesto desde el principio, sino más bien de cómo desanudar la madeja. Dave Sorensen, el asesino de su esposa Linda Lagrange, conserva un encanto atrayente; de origen mexicano, su padre fue un diplomático de carrera en las embajadas mexicanas, y aunque Dave nació en Inglaterra, su padre le conservó la nacionalidad mexicana, algo similar ocurrió con el galardonado Carlos Fuentes. Aquella etapa le permitió conocer de ese primer mundo, donde la buena vida se vive a plenitud. Ella es hija de un magnate Texano que desde un principio ubica a su yerno como un caza fortunas peligroso. Ambos son mostrados tal cual por un escritor que no escatima nada, y si emplea todo el poderoso arsenal de su erudición.

Pero con el personaje que se explaya más, porque se nota que se identifica con él, es un hippie cuyo protagonismo me parece un tanto exagerado, es posible que esta declaración choque con muchos otros, pero eso es lo de menos, lo que me impresiona es que al vivir ese personaje, estoy viendo al mismísimo don Fernando. Que me disculpe, no lo puedo ver en ningún otro, y menos vestido con traje Cristian Dior y corbata de seda.

Linda 67, este número también tiene su secreto, es la contraparte de Olivia, aquella es gringa, y ésta mexicana; esta vez, nuestra belleza supera a la güera, no nada más en belleza física sino también en encanto personal, y no se diga en sentimientos, Olivia logra influir, no nada más en Dave, también en el lector, sobre todo si es varón. ¿Te imaginas a una joven morena de cuerpo escultural? Bien, ahora mírala desnuda, con sus pechos turgentes nadando en una alberca cubierta de flores de bugambilia… ¡claro!, no pudiste resistir y te lanzaste. Eso fue en una residencia en Cuernavaca donde la primavera es eterna.

Don Fernando nos lleva a la plaza Pier 39, en la bahía nos envuelve en el ambiente turístico para admirar las focas y los lobos marinos, el museo de los buques de guerra. De madrugada, siguiendo una farra, nos pone a fumar esperando que aparezca el amanecer admirando el legendario penal de Alcatraz, el mismo donde Al Capone estuvo hospedado.

Muchas veces nos hace recorrer las empinadas calles de San Francisco para admirar el Golden Gate, que no es dorado sino rojo, nos hace saber que el color oro le viene de la puerta dorada del Estado Dorado, California, el puente Oakland que sirve de enlace a la ciudad del mismo nombre, lugar donde los aficionados al béisbol disfrutan de los encuentros de las Grandes Ligas del mejor béisbol del mundo. (Qué envidia). Y sigue el recorrido con La Isla del tesoro, Sausalito, Ángel Island, Tiburón, Richmond, Berkeley, Woodacre, Santa Genoveva, los museos, las exposiciones de pintura, escultura, los  restaurantes con y la degustación de vinos, la rareza de los platillos y los postres. Todo ello envuelve al lector en un mundo, donde está latente ese perceptible gusanillo por saber, por llegar a descubrir como desenvolver la madeja. Es un grato reto, lleno de emoción y conocimientos lo que nos regala el maestro.

*Hay soldaditos de plomo y soldados de madera; los que matan a mi pueblo, son soldados de a de veras.* Intenta legalizarse el GORILATO más de 130 mil asesinatos lo respaldan. ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! Para Javier Valdez Cárdenas. 

*Estrofa de Corazones de plomo, canción de José de Molina.

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